No soy cool

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Vivimos bajo una incesante lluvia tecnológica, cada vez esta es más ubicua y se extiende a más aspectos de nuestra vida cotidiana. Continuamente aumentan los gadgets y servicios que se inmiscuyen en nuestro día a día. Una aplicación para alquilar un patinete, una pulsera que cuenta tus pasos, un reloj que te avisa de cada mensaje de los grupos de Whatsapp, le preguntas a tu Google Home por el tiempo mañana o le pones Clarendon a la foto de tu tataki en Instagram.

Cuando nos paramos a pensar no hace tanto que todo esto se convirtió en una rutina, basta con echar la vista atrás diez años y puedes ver lo diferente que era todo, que analógicos eramos en muchos aspectos aún.

Y negar que ha aportado muchos beneficios a nuestra vida seria ser bastante obtuso, muchos de estos servicios no hacen la vida más fácil aunque en otras ocasiones sean meros entretenimientos con un valor más cuestionable.

Todos estos cambios han generado una atmósfera de positividad  hacia todo aquello relacionado con la tecnología, atmósfera de la que se sirven en muchas ocasiones muchos servicios para revestir sus productos y así tener una opinión publica más favorable. A tal punto ha llegado esta tendencia que a veces empieza a recordar a otros credos  basados en la fe y no en la razón. Es fácil que si te sitúas en contra de algún servicio o app de moda mucha gente te trate poco menos que de ludita, tenemos interiorizado que tecnológico y positivo son sinónimos.

2.0 que es muy 1.0

Hace ya bastantes años que se introdujeron las cajas rápidas en los supermercados, algo muy nuevo que consistía en que el cliente pasara a realizar las labores del cajero que perdía su trabajo sin ningún tipo de compensación en el precio del producto, y que además nos pareciera algo beneficioso. Reforzado por una disminución de personal en el resto de cajas normales para forzar el uso de estas. Algo que llego a extremos mayores cuando también quisieron que nos encargáramos de poner el hardware de lectura. Algo de lo que escribí hace ya cinco años.

Entre todos los servicios “tecnológicos” que mejor están utilizando esa dinámica positiva esta lo que ha venido a denominarse como “economía colaborativa”. Algo que si bien empezó con algunos servicios que realmente basaban  su servicios en la colaboración entre los usuarios para ofrecer mejores servicios entre ellos a derivado casi por completo en que quienes colaboren sean los trabajadores con unas condiciones laborales cada vez más precarias, que colaboren con el aumento de beneficio de los dueños del servicio obviamente.

Servicios como Glovo, Uber, Cabify, Amazon Logistic, Deliveroo, etc han aprovechado ese aura de modernidad y progreso que da la tecnología para dar una imagen positiva de sus servicios en contraposición a lo “rancio” que resulta utilizar los que ya estaban establecidos. Si no los usas, si no los defiendes y te posicionas estas fuera de onda, en definitiva, no eres cool.

Pues no soy cool

Me apasiona la tecnología, no obstante es de lo que trabajo, pero me preocupa como el mundo tecnológico en pos de esa positividad se vuelve acrítico con lo que ocurre, como en ese simplismo que asocia siempre valores positivos al mundo digital se esta dando pábulo a muchos idearios que se sirven de ello para meterse en nuestra vida.

Como se ignora las implicaciones sociales y económicas de estas compañías que no hacen más que degradar nuestro mercado laboral a cambio de traerte el sushi a la puerta de casa, de hacer ver más importante una botella de agua que un conductor cayéndose de sueño o de vender que ser autónomo, aunque sea falso, es mejor para ti.

Por eso no soy cool, porque no estoy dispuesto a ignorar la dimensión social y ética de todos los avances que las compañías tecnológicas nos venden. Porque no voy a aceptar cada servicio que aparezca como algo genial sin más por más que lo contrapongan con el taxista escuchando la Cope.

Porque detrás de esa modernidad también hay ideas muy viejas y perniciosas que han aprendido a disfrazarse de algo muy innovador. Y por eso nos conviene a todos no ser cool, ser más críticos  y menos superficiales para que el día de mañana no tengamos que acabar viviendo en una de esa muchas distopías que hemos leído y visto en libros y cine.

 

Publicado por

My punto geek

Apasionado de la tecnología y la cultura oriental